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 NOTICIA
Violencia sexual en el conflicto armado y su repercusión en la salud sexual y reproductiva de las mujeres.
Al inicio de este año, gracias al apoyo de la ONG Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer (DEMUS) y el Instituto de Defensa Legal(IDL) se abrió un proceso judicial contra 10 miembros de las fuerzas armadas involucrados en actos de violencia sexual contra mujeres de las comunidades de Manta y Vilca del departamento de Huancavelica, teniendo como evidencia el testimonio de las mujeres afectadas, el cual también se encuentra en los informes de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación(CVR) comisión que se formó para contribuir al esclarecimiento de los crímenes y violaciones a los derechos humanos que ocurrieron durante el periodo de 1984 a 1995 en el Perú.
Muchos de los casos de violencia sexual no sólo fueron ejecutados por grupos terroristas, sino también, por los mismos miembros de las bases militares instaladas en los departamentos de Ayacucho y Huancavelica, quienes supuestamente tenían como misión proteger a las y los ciudadanos y pobladores de las comunidades atacadas por elementos subversivos.
Los incidentes de violencia sexual durante el conflicto armado, no son casos aislados, situaciones similares también se han presentado en otros países de la región en la década de los años 80 y comienzos de los 90, teniendo como ejemplo mujeres afectadas en Guatemala, El Salvador, Bolivia y Colombia. En el contexto de los enfrentamientos armados, uno de los grupos más afectados siempre son las mujeres.
Tales actos además de ser una vulneración de los derechos humanos de las mujeres directamente afectadas, son una muestra de las relaciones de poder ejercidas por los varones hacia las mujeres, este tipo de relaciones de poder se presenta al interior de nuestras sociedades y aún más con mayor gravedad y crudeza en situaciones en las que las mujeres forman parte de un grupo que se encuentran en disputa o conflicto, perpetuando la inequidad entre los grupos históricamente marginados como son las mujeres. Asimismo, se puede apreciar como la dominación masculina se ha impuesto en las distintas culturas y se sigue sosteniendo históricamente sin un trabajo de reflexión y de búsqueda de cambios en los mecanismos y sistemas que la mantienen.
A lo largo de la historia, las mujeres hemos sido consideradas como trofeo de los grupos vencedores. A través del tiempo, miles de mujeres fueron violentadas sexualmente, incluso fueron tomadas como esclavas para servir a sus “nuevos dueños”, si bien el concepto de esclavitud no se hizo evidente durante el conflicto armado en Perú, los miembros de las fuerzas militares también privaron de la libertad a las mujeres de las comunidades donde se encontraban sus bases militares, con la finalidad de que cumplan labores domésticas.
Más allá de las consecuencias que produjo la violencia sexual en el imaginario de las comunidades, ya que a través de ésta se buscó vulnerar el “honor” del vencido, constituyéndose en una demostración de derrota total al no poder defenderlas, debemos recordar, que en todo momento se buscó degradarlas a nivel de objeto, sobre los cuales se ejercía un poder. Tales actos de degradación no sólo generaron consecuencias en el plano físico, sino también en el emocional lo que se evidencia en los síntomas de estrés post traumáticos que vivenciaron durante ese periodo, sumado a todo ello el estigma que rodea a la víctima de violencia sexual. Por otro lado, no podemos dejar de mencionar los efectos en la salud sexual y salud reproductiva de este gran número de mujeres afectadas, donde dada las circunstancias se hizo caso omiso y se vulneró sus derechos sexuales y reproductivos. Las investigaciones realizadas nos demuestran que producto de estas violaciones se presentaron un gran número de embarazos no deseados y muchos niños y niñas de esa época crecieron desconociendo quienes eran sus padres, por ello, en la actualidad se viene solicitando las pruebas de ADN a los miembros de las fuerzas militares que formaron parte de estas bases durante la época del terrorismo en nuestro país.
Si bien los nacimientos fueron los hechos más visibles, hay otros elementos de la salud sexual de las afectadas que aún permanecen ocultos en los recuerdos personales, quizás por pertenecer al espacio íntimo de las mujeres o por la escasez de la información que nos ilustre frente al tema, nos referimos a los casos de infecciones de transmisión sexual y VIH/SIDA. Sabemos de antemano que debido a la constante movilización de los grupos militares sumado a sus comportamientos sexuales sin protección, éstos se encuentran entre los grupos con conductas de riesgo frente a las ITS/VIH/SIDA, por lo tanto, las probabilidades de transmisión fueron altas. Asimismo, recordemos que la violencia sexual y la coacción, incrementan la predisposición al VIH en la medida en que el sexo no consentido está asociado a un aumento del trauma genital y de heridas por el coito y otro aspecto a tomar en cuenta, es que durante una violación sexual exista la posibilidad de penetración anal sin protección, conducta sexual de alto riesgo frente al VIH.
Actos como los ocurridos en las comunidades de Manta y Vilca, son delitos que no deben quedar impunes, además se deben evitar que sucedan en el futuro. Los gobiernos tienen el compromiso de salvaguardar la salud y la integridad de las mujeres frente a tales actos de violencia. El hecho de que los delitos de violación sexual acontecidos en una situación de conflicto ingresen a la categoría de crímenes de lesa humanidad por los agravios a la población afectada y en consecuencia sean imprescriptibles, es decir que los delitos no pierden vigencia por el transcurso del tiempo en las condiciones previstas por la ley, es un gran avance en el campo de los derechos humanos, lo que nos demuestra que en nuestro país la justicia es una herramienta que deja el plano teórico para responder a las realidades de las diversas regiones de nuestro país, donde una vez más las mujeres esperan ser escuchadas y buscan las reparaciones correspondientes por todo lo vivenciado. Asimismo, enfocándonos en el campo de la salud sexual esperamos que nuestros gobiernos presten atención a las voces que se manifestaron en la XVII Conferencia Internacional sobre VIH y SIDA realizada en México, donde se resaltó la importancia de trabajar el vínculo entre la violencia y el VIH por considerar que las mujeres presentamos una mayor vulnerabilidad, aspecto que lo evidencian los datos epidemiológicos.
Desde el Observatorio Mujer y VIH/SIDA, apoyamos la iniciativa de las diversas instituciones que vienen trabajando desde las áreas sociales, legales y de salud en el apoyo al grupo de mujeres que fueron afectadas durante este conflicto, nos aunamos en los esfuerzos por mitigar el daño y seguir defendiendo el derecho a una vida sin violencia.
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